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Así me fue en la fiesta de swingers en Guatemala

Ricke y Pilly cumplieron su promesa. El lunes, un mensaje en mi celular me avisó que estaba invitada para asistir a la reunión del fin de semana en su club swinger.



Para terminar de creérmelo fui a corroborarlo a su página en Facebook.
Y sí. Ricke’s Place tenía una nueva publicación. “La fiesta chiquita que hacemos todos los fines de semana permite reunir a parejas nuevas y experimentadas del ambiente swinger en Guatemala. Durante la velada podrán socializar, bailar y permitir que la energía de la noche los lleve a donde quieran llegar”.
El texto tenía 30 likes, 12 compartidos y 4 perfiles pidiendo información, incluyendo a uno cuyo nombre es “esposos calientes”.
Traté de no pensar mucho en el tema hasta que llegó el día. Mi pareja y yo nos alistamos, acordamos que de la fiesta nos iríamos cuando alguno uno de los dos se sintiera incómodo y subimos al carro.
Intercambiamos pocas palabras mientras nos dirigíamos a Ricke’s Place. Mi novio se concentraba en el camino mientras yo veía a las personas de los carros que pasaban al lado y pensaba si serían algunos de los invitados.
Faltaban 20 minutos para la hora cuando salimos de la Ciudad de Guatemala. Las instrucciones eran que al pasar por un restaurante debía llamar a Ricke y me daría más indicaciones.
Encontramos el restaurante, después una pasarela y a pocos metros, un poste de luz. Ahí giramos hacia la izquierda. El camino nos llevó a una bajada antes un portón blanco. Mi pareja bocinó dos veces y el portón empezó a correrse. Lo abrió un señor de unos 50 años y le devolví el saludo sin hacer contacto visual.
La fiesta
Nos recibe Ricke y nos dice dónde parquearnos. Está vestido con pantalón negro de tela, saco del mismo color y la mitad de los botones de su camisa están desabrochados. Una cruz de plata cuelga en su cuello. A penas nos saludamos y su teléfono empieza a sonar. Otra pareja está por llegar.
A pocos metros del parqueo se encuentra la entrada principal del club. Desde afuera se puede observar las luces verdes, rojas y púrpuras intercalándose. Suena una musiquita ochentera de elevador y lo primero que se ve al entrar es una moto roja. Al fondo, una valla con el nombre del lugar y la imagen labios rojos.
Seguimos a Ricke por unas gradas que llevan hacia una pequeña sala ubicada en la planta baja. Ahí esta Pilly. Viste un traje de dos piezas de encaje negro. Tiene un escote pronunciado y unos tacones plateados. Hay tres sillones blancos y otras tres parejas en la habitación. La luz es tenue, apenas logro ver sus rostros.
Todos estamos ahí por primera vez. Ricke y Pilly comparan la situación con ir a una fiesta de cumpleaños (o una como la que organizamos para el verano). Casi nadie se conoce entre sí. Solo los conocemos a ellos, pues son los anfitriones y durante la fiesta nos relacionaremos con los demás. La diferencia es que nadie soplará velas ni habrá pastel. Solo habrá mucho sexo.
Nos sentamos y nos dan la bienvenida con alguna información básica.
Hago un recorrido visual sin mover la cabeza: son jóvenes, calculo que todos están entre los 25 y los 35 años. Permanecen abrazados y ellos ponen sus manos en las piernas de sus parejas. Ninguno parece estar nervioso.
Noto que uno de los hombres me mira y luego pasa su vista a la mujer que está en otro sillón. Yo vuelvo la mirada hacia Ricke y Pilly, quienes por momentos interrumpen la charla para saludar a los swingers con experiencia que van llegando. No volteo a ver. Solamente escucho tacones y las voces de los recién llegados.
Conforme avanza la charla las parejas empiezan a reírse y a murmurar entre sí. Uno de los hombres incluso sugiere presentarnos y hablar un poco de nosotros. La mayoría se describe como curioso, muy sexual y con ganas de experimentar.
Finalmente Ricke y Pilly dejan las reglas claras: no ponerse borrachos, no tener sexo en los sillones blancos, no entrar a las áreas exclusivas para miembros VIP, tener sexo sólo con preservativo –incluso con la pareja-, para que no queden fluidos y se pueda interactuar con otros sin problema. Consideran esto último como una norma de etiqueta y cortesía.
Tampoco se permite tomar fotografías o videos y las parejas deben procurar no separarse. Esto último no es por seguridad sino porque –en palabras de Ricke– “podrían perderse de algo interesante”.
Enfatizan en la regla principal de los swingers, una que rige a la comunidad a nivel mundial: “No es no y no se pregunta por qué”.
Es decir, si alguien desea interactuar con ellos, la pareja puede negarse. La otra pareja debe aceptarlo sin pedir explicaciones.
Terminan sugiriendo que todos nos divirtamos y Ricke nos pide acompañarlo a otro punto del club. Abre la puerta de vidrio que está a su izquierda.
Luego de bajar algunas gradas pasamos por una piscina. Fue uno de esos días fríos de marzo, pero tampoco era imposible. Y Ricke nos recuerda una regla de la piscina: usar ropa en ella es opcional.
Seguimos caminando. El lugar es realmente grande, tanto que no alcanzo a ver sus límites físicos. Desde esa altura se pueden ver cientos de luces, provenientes de la Ciudad. A nuestras espaldas está la casa, volteamos y nos explican dónde están ubicados los baños, las áreas sociales, las secciones privadas y unas habitaciones a las que llaman “play rooms” (salas de juego) que pude conocer después. Algunos cuartos son oscuros, otros con luces de distintos colores.
Ricke abre la puerta más cercana e ingresamos al centro del área social. En ella hay unas 12 parejas y sus ojos empiezan a posarse en nosotros, “los nuevos”. Nuestro anfitrión indica que pasemos a registrarnos, señala el bar y se retira.
Las opciones para beber son muchas. El bar es atendido por 3 mujeres que usan tacones altos y vestidos apretados. Tienen entre 20 y 28 años. Son risueñas y amables.
Después de registrarse y pagar el costo de la entrada (que en este caso es de Q200 por persona pero puede llegar a ser de hasta Q800 por pareja + consumo de bar) todas las parejas –incluyéndonos– empezamos a circular por la fiesta.
Al lado del bar hay un escenario. Y un DJ. También hay un tubo de baile. Y una jaula –sí, una jaula-. Y mesas alrededor de la pista de baile en la que todavía no hay acción.
Nos sentamos en una de las mesas, los nervios hacen que ataquemos el plato de boquitas que esta al centro y mi vista empieza a viajar de rostro en rostro. No son caras memorables; las podría haber visto en cualquier otro lugar. Son hombres y mujeres de distintas edades –algunos podrían ser mis padres–, distintos tamaños y colores. Se nota que todos dedicaron tiempo para acicalarse. La mayoría de hombres van de traje y la mayoría de mujeres en minifaldas, leggins, tacones altos y escotes amplios. Algunas no usan ropa interior.
Hay un grupo pequeño cerca del bar, el de los swingers con experiencia. Las demás parejas seguimos dispersas y otras continúan llegando. Hace su aparición un matrimonio de mexicanos –que visitaron el país solamente para asistir a la velada– y dos personajes públicos (un hombre y una mujer cuyos nombres no puedo revelar) con su respectivo acompañante.
El reloj marca las 10 de la noche. La mayoría terminó de cenar y el DJ empieza a poner cumbia y reggaetón. Si necesitas reggaetón, dale.
La mesa de al lado es ocupada por 4 personas. Su plática inicia casual y a los pocos minutos sube de tono. Parecen conocer mucho sobre juguetes y posturas sexuales. Se dan cuenta de que estoy prestando atención a su conversación y para mi sorpresa empiezan a hablar más fuerte.
Pilly se acerca y ofrece mostrarnos los play rooms. Mi pareja y yo aceptamos. Pasamos por una habitación en donde todo era fluorescente y en medio tenía una mesa de billar. Nos dirigimos hacia la planta alta, atravesamos la recepción –una pareja se besaba apasionadamente en la moto roja– y finalmente llegamos. Lo primero que vi fue una serie de lockers numerados y muchas toallas. “Aquí pueden guardar sus pertenencias y ponerse más cómodos”, nos dice Pilly.
Pasamos a la primera habitación: no tiene puertas, solamente una enorme ventana sin cortina. La tarima ubicada al centro es rodeada por 6 sillones tipo bean bag, de esos aguados para acostarse y ver tele. O jugar. “Esto es porque la mayoría de los swingers somos exhibicionistas. Nos gusta ver y dejarnos ver. Aquí se puede satisfacer esa fantasía”, explica Pilly.
El siguiente cuarto tiene dos tubos de baile (de poledancing), uno en cada esquina. Y una cama grande. Hay dibujos de figuras femeninas en las paredes. Pilly las llama “mujeres fuente”. O para el resto del mundo, mujeres haciendo squirt.
Una luz roja capta mi atención y me dirijo hacia ella. Se trata de una especie de cajón de la felicidad para aquellos a los que les gusta ser amarrados y sometidos de alguna forma. Hay cuerdas, cadenas y artefactos de cuero colgados en las paredes. Creo que también es la habitación favorita de Pilly.
Cuando la conocí me dijo que dirige un grupo de BDSM en Guatemala. No hay nadie cerca. Me deja tomarle una foto.
Salimos de ahí y nos muestra dos habitaciones más. Están llenas de colchones y sábanas de colores. Adentro hay cubetas con condones, toallas, aceites con aroma y cestas con dulces de menta.
Regresamos al área social y un nuevo grupo recibe “la charla de introducción” con Ricke.
Ahora, más que parejas, la pista de baile parece ser invadida por una sola masa que se mueve al ritmo de la salsa.
Un hombre restriega la cara en los senos de una mujer mientras otra le toca las nalgas. Otras dos mujeres bailan mientras se acarician. Pareciera que tuvieran imanes en los pechos. Sus parejas conversan y toman algo mientras las ven. Hay química entre los 4.
Volvemos a la sala en la que empezamos la noche. Ahí Ricke me presenta a una pareja. María y Rafael están juntos desde hace 10 años y son swingers desde hace 6.
Su primera experiencia dentro de este estilo de vida fue un trío. Aunque lo recuerdan como algo bueno, María me cuenta que como el trío fue hombre-mujer-hombre, y al otro día sintió una goma moral que hizo que no volvieran a experimentar con otras personas hasta un año después.
Aseguran que su matrimonio es verdaderamente feliz, lleno de confianza y comunicación. Una de las reglas internas que tienen como pareja es conocer un poco a las otras personas antes de experimentar con ellos. Rafael me explica que esto es por temas de salud y seguridad. Agrega que han tenido la oportunidad de conocer swingers de El Salvador, Estados Unidos, México y Colombia. Dice que los swingers son muy agradables y de mente abierta. La pareja mantiene su estilo de vida en secreto: “Lo que pasa acá, se queda acá. La sociedad guatemalteca es demasiado doblemoralista para contar que somos swingers”.
Este último comentario también me lo hizo otra pareja. Claudia y Javier tienen 20 años casados y dos hijos. Ambos visten de negro y usan un accesorio blanco, él una bufanda y ella unas botas que le llegan hasta las rodillas. Él es ingeniero y ella psicóloga.
Javier asegura que casi siempre son los hombres los que tienen curiosidad por adentrarse en el estilo de vida swinger. Le tomó 14 años convencer a Claudia. “Creo que las mujeres también tienen curiosidad de experimentar con su sexualidad pero nuestra cultura nos tiene reprimidas y eso nos crea inseguridad”, explica ella.
Dice que la clave del estilo de vida swinger es tener confianza en sí misma y en su pareja. Sabe que Javier no se va a enamorar de alguien más, pero acepta que los celos nunca desaparecen por completo.
– ¿Recuerdan su primera experiencia swinger?
– ¡Uy sí!, exclama Fernando con una sonrisa.
Silvia se adelanta para contarme:
– Fue aquí en Ricke’s Place. Estábamos con otras parejas jugando póker. Javier (su esposo) ganó y Pilly perdió, así que debía quitarse la prenda que él eligiera. Javier me volteó a ver y para no ofenderme le pidió que se quitara los zapatos. El juego terminó con Pilly completamente desnuda, una pareja tenido sexo al lado de nosotros y yo, tranquila, junto a él. Después de ver todas esas imágenes, Javier y yo parecíamos conejos al siguiente día, termina Silvia entre risas.
Luego de esa experiencia continuaron visitando el lugar y aseguran que cada día es distinto.
– El toqueteo suele surgir a partir del baile y eso me parece muy sensual. A veces terminamos bailando todos desnudos. Algunos días pasan más cosas y otros no. No es tan fácil tener química con otras personas, dice Claudia.
Javier se suma y dice que prefieren estar con parejas que ya tienen experiencia y que cuando sospechan que la otra pareja no es real –sino un acuerdo entre dos amigos o una persona y su amante– automáticamente él y su esposa se niegan a seguir.
– No queremos ser partícipes de una infidelidad. A veces vienen supuestas parejas que hacen de todo en una noche y luego no las volvemos a ver, dice Javier.
Noto que Claudia mueve su cabeza con el ritmo de la música. Seguramente quieren bailar así que no los retengo más. Los veo dirigirse hacia la pista de baile tomados de la mano y un ruido repentino hace que voltee a ver sin pensar.
Observo al menos a 6 personas entrar a un baño. Otra pareja se besa en un pequeño sillón rojo. En cuestión de segundos la mujer tiene la falda de cincho y el hombre le da nalgadas. Ricke se les une, empieza a tocarla.
Con mi pareja decidimos ir a echar un vistazo a la pista de baile. Ahora hay menos personas y todos intercambian caricias. Algunos se besan.
Mi vista brinca de un lugar a otro sin reparar en nada en especial pero eso cambia a los pocos minutos. Una mujer se aprieta los pechos y al pasar las manos por su cintura levanta cada vez más su vestido blanco, dejando ver su ropa interior. Hace todo eso mientras sonríe y ve fijamente a mi novio.
Los dejaré aquí para que se imaginen el resto de la historia.

Así conseguí que me invitaran a una fiesta swinger Guatemala

La primera vez que escuché hablar de los swingers fue en la televisión. Con poco tiempo disponible y mucho morbo por despertar, el programa los presentaba como un grupo pequeño, clandestino y sobre todo lujurioso que ha descubierto la fórmula mágica para tener sexo con personas ajenas a su relación sin que su pareja se molestara. O incluso, que lo celebrara y participara de uno de los tipos de sexo más tabús del mundo.


Los miembros de esta comunidad están distribuidos alrededor del mundo y Guatemala, aunque a veces no lo parezca, queda en ese lugar.
Entonces, era sólo de encontrar a la comunidad. ‘Swinger Guatemala’ tiene 488,000 resultados. Empecé a toparme con mensajes como: “Hola, somos una pareja swinger. Ella 30, él 32. Buscamos aventuras. Somos muy higiénicos”.
Probé suerte buscando en Facebook. Hasta que localicé el perfil de Ricke’s Place, que al parecer es ‘el lugar’ en donde se hacen fiestas swingers.
Me puse a ver las fotos y le envié un mensaje a sus fundadores. Se trata de una pareja que tiene 13 años en este estilo de vida y 11 años de hacer fiestas para swingers.
Después de intercambiar algunos correos, decidimos conocernos en persona.
Llegó el día. Un mensaje en mi celular me avisó que mis entrevistados ya estaban libres. Me subí al carro e inicié el viaje hacia un café de la zona 10.
No me preguntaba cómo eran porque aunque tenían el rostro cubierto, había visto unas fotos que mostraban lo suficiente para intuir sus caras.
Una que no es swinger se siente ansiosa antes de un encuentro con los meros meros de la comunidad. ¿Cómo iba empezar la conversación?
¿Cómo hacerlos sentir lo suficientemente cómodos para que me contaran su historia sin ocultarme cosas?
¿Cómo demostrarles que no los juzgo?
¿Y, peor aún, cómo mostrarme relajada y empática sin que creyeran que estaba interesada más que sólo para contarlo en este reportaje?
Saber.
Era la única pareja en el lugar. Nos identificamos enseguida. Saludaron amables y me ofrecieron algo de tomar. Ricke y Pilly pude leer en los vasos de papel de sus bebidas.
Pilly es delgada, muy risueña y de ojos grandes. Su cabello es negro con unas mechas rubias que se asoman a los lados, por encima del cuello. Tiene uñas largas, pintadas de rojo. Y un pequeño arete en la nariz.
Ricke es moreno y de cabello corto. Tiene barba y bigote poco espesos. Sus ojos verdes resaltan por sus ojeras.
Intuyo –y luego confirmo- que están terminando los treintas. Visten completamente diferente a las fotos que vi en su perfil. Parecen personas comunes.
– Entonces, ¿cómo vas a enfocar tu artículo? El tema es muy amplio y delicado, dice Ricke.
– Como punto de partida, quisiera que me hablaran de su estilo de vida y de cómo llegaron hasta acá. Es un tema muy desconocido. Quiero empezar por eso y después podría –si me invitan- ir a alguna de sus fiestas.
– Yeeeey, dijo Pilly mientras Ricke asentía con la cabeza.
Yo sonreí nerviosa al ver ambas reacciones.
– ¿Cómo se conocieron?, pregunté.
Me cuentan que todo inició cuando tenían 13 y 14 años. Sí. 13 y 14. Él estudiaba en el colegio del primo de Pilly. Ella asegura que le gustaba desde que lo vio y en una kermés, donde había uno de esos juegos donde los niños se casan entre sí, decidió aprovechar la oportunidad. Eligió a Ricke como pareja.
Pasaron su ‘luna de miel’ viéndose las caras encerrados 10 minutos en un lócker porque ella se negó a besarlo. Y perdieron el contacto.
Como Guatemala es tan pequeña, en sus veintes se volvieron a encontrar y empezaron a salir. Después de un tiempo decidieron vivir juntos y tenían una vida sexual a la que califican de bastante convencional.
– Al extremo que ni siquiera mirábamos películas porno porque nos parecían aburridas, explica Ricke.
Él consideraba que en ese momento necesitaban inyectarle “eso que la gente dice que no se debe de hacer” a su relación.
Decidió buscar en Internet para obtener algunas ideas y encontró un relato que le pareció interesante. La historia, que se titulaba “swingers” iba de una pareja que cree estar siendo seducidos –cada uno– por una chica en un bar. Luego se dan cuenta de que está interesada en ambos y la pareja de ella se une al coqueteo.
Ricke aprieta los dientes cada vez que termina una oración. Su dicción es perfecta y su tono de voz es lo suficientemente alto para captar la atención de la camarera que limpia la mesa de al lado. Noto como nos ve de reojo y sonríe.
Él parece no darse cuenta o simplemente no le importa. Continúa contándome que le pareció buena idea mostrarle el relato a Pilly. Pero cuando volvió a buscarlo, no lo encontró.
A partir de entonces, ambos empezaron a interesarse en las fantasías sexuales del otro y a comunicar las propias. Un día Ricke le preguntó a Pilly si le llamaba la atención hacer algo diferente, estar con alguien más. Ella dijo que sí.
Fue entonces cuando utilizaron el sitio (paleológico) Latinchat para ver si encontraban a alguna pareja que tuviera el mismo interés y que pudiera explicarles en qué consistía el estilo de vida swinger.
– Había unas salas más perversas que otras, dice Ricke sobre Latinchat.
Se fijaron en un usuario que usaba de sobrenombre ‘swinger’.
Lo que empezó con un intercambio de saludos continuó con muchos mensajes y el envío de fotos de partes del cuerpo de los cuatro. Después de varios meses la otra pareja propuso una reunión. En la Ciudad de Guatemala. Fueron a un restaurante en un sótano de la zona 9.
El encuentro fue una decepción. Sí eran las personas de las fotografías, pero hace 20 años.
– Los señores podían haber sido nuestros papás, dice Pilly ahora entre risas. No hubo nada de nada.
Lo que sigue en la historia de Ricke y Pilly es un viaje a Costa Rica. Él iba por motivos de trabajo y le pidió a Pilly que lo acompañara.
El fin de semana aprovecharon para visitar un club swinger. Los anfitriones eran una pareja de muchos centrímetros, cuerpos esculturales y bronceados. El lugar era paradisíaco y parecía de película.
Entraron a la fiesta y los invitados estaban desnudos en la piscina. Vieron los primeros sexos orales swinger.
Eran nuevos así que se sentían curiosos y con miedo. El primer día no salieron de la habitación.
Al segundo día fueron a la piscina y les pareció que la gente era simpática. Tanto que se apuntaron para la fiesta de la noche.
Su primera pareja (de ambos) se tomó el tiempo para explicarles finalmente qué era el mundo swinger y les aclaró que el intercambio de parejas es una opción y no una obligación, incluso en las fiestas swinger.
Swinger es el término utilizado exclusivamente para personas que deciden ejercer su libertad sexual en pareja. Su finalidad es cumplir las fantasías de ambos, en complicidad.
Las fantasías pueden ir desde platicar con otras parejas sobre temas sexuales, ver a otras parejas teniendo sexo, dejarse ver por otros o intercambiar parejas.
Y claro, el mítico ménage-a-trois [menásh a truá: los tríos], el sexo en grupo o cualquier otra variante.
Aprendí que hay muchas formas de vivir el estilo de vida swinger y cada pareja decide su ritmo, estilo y gusto.
Eso sí, existe una regla a nivel mundial que rige a esta peculiar comunidad: “’No’ es ‘no’ y no se pregunta por qué”.
Y otros mandamientos como el respeto o el sexo con condón.
Ricke y Pilly concuerdan en que esa explicación fue crucial para que hoy exista comunidad swinger en Guatemala.
Cuando volvieron de ese viaje empezaron a buscar parejas con el mismo interés y a organizar reuniones en su apartamento. Llegaban entre 4 y 10 personas. Las fiestas se convirtieron en Ricke’s Place, una casa que ha hospedado hasta 120 personas a la vez.
Aseguran que ahora prefieren hacer eventos más pequeños para tener todo mejor controlado, pues al ser algo tan íntimo no cuentan con un staff grande.
Hacen reuniones y fiestas los viernes, sábados y algunos domingos. Asisten entre 25 y 35 parejas seleccionadas por Ricke y Pilly.
Cada semana entrevistan a 10 parejas que se postulan para asistir a Ricke’s Place. Aceptan a mujeres solas a sus fiestas por el hecho de que consideran que no existen lugares para la diversión sexual del género femenino.
– Las mujeres tienen el derecho a dar y a disfrutar del placer, defiende Pilly.
Agrega que ella pone particular interés en las demás mujeres al momento de las entrevistas. Si van en pareja, Pilly intenta asegurase de que están ahí porque quieren y no por presión por parte de su acompañante.
En el caso de las mujeres solas, busca que entiendan a plenitud el estilo de vida swinger. “Deben comprender y estar de acuerdo con que no se va a un sitio de swingers a conseguir pareja. Simplemente es algo sexual que no va a convertirse en nada”.
Los hombres solos no son bienvenidos.
Cuando les pido que me hablen de sus invitados me dicen que son parejas que en su mayoría están entre los 30 y 40 años, de clase media alta y alta. Incluso asisten extranjeros, sobretodo centroamericanos. Algunos son sexólogos, otros son empresarios y así continúa la lista. De sus profesiones, Ricke y Pilly no quisieron darme detalles pero dijeron que durante la semana trabajan y tienen una vida muy común. Lo swinger es un hobby de fin de semana.
Las reuniones de la comunidad se pueden clasificar entre soft (suaves), full swap (con interacción de terceros) o extreme (extremos).
El encuentro de tipo soft consiste en una reunión donde estarán solamente dos parejas sin llegar a ningún tipo de interacción entre sí. “Las parejas que lo soliciten podrán indicarnos cómo lo han soñado y gustosamente buscaremos recrearlo de una forma muy cercana a su fantasía”, puede leerse en la página web de Ricke’s Place.
Por otro lado, el full swap es la recreación de una fantasía que conlleva interacción con una o varias personas. Y finalmente, el extreme engloba a aquellas fantasías poco usuales. Ricke y Pilly aseguran que ellos saben como orientar a las parejas para este tipo de encuentros.
Todo esto se lleva a cabo al menos una vez por semana. También realizan fiestas temáticas que a veces incluyen la presencia de strippers de ambos sexos, bailarinas exóticas, masajistas y más. Los asistentes pagan una cuota que costea lo anterior, la comida y, claro, los condones.
Ricke y Pilly enfatizan en que el swinger tiene efectos positivos: “Se genera una mayor comunicación entre la pareja, disminuyen casi en su totalidad los celos enfermizos y la infidelidad ya no tiene razón de ser. Marca el inicio de una relación con menos problemas”.
Pero lo recomiendan sólo para parejas consolidadas porque no todo es color de rosa.
Reconocen que hay parejas que se han separado después de las fiestas swinger.
Después de una pausa Ricke continúa: “Nosotros no tratamos de convencer a nadie pero tampoco creemos que hacemos algo malo. Estamos enamorados, nos respetamos y somos felices”.
La camarera seguía limpiado los pisos mientras hablábamos. Queríamos seguir hablando, pero sentí que era el momento de irme.
La aguja que cuenta los minutos le había dado más de una vuelta al reloj desde que empezamos a hablar y la trabajadora, mientras nos veía fijamente limpiaba la mesa de al lado por al menos cuarta vez a pesar de que nadie se había sentado desde que llegamos.
Me dio las indicaciones para llegar a la fiesta. Y vaya que fue una fiesta.


Intercambio de placer en el mundo de los “swingers” TV Guatemala

Tener fantasías sexuales y querer experimentar es algo natural para toda pareja.  Ahora bien, ¿qué sucede cuando uno o ambos en la relación desean llevar a cabo el acto sexual bajo una dinámica de intercambio de parejas? Este tipo de fantasía se convierte en una realidad para quienes    adoptan la práctica del "swinging", también conocida  como intercambio de parejas.
Según explica la Dra. Carmen Valcárcel, experta en sexualidad humana, cuando se habla de esta práctica se hace referencia “a parejas que llevan una relación monógama que deciden participar de relaciones sexuales con otras personas con el consentimiento de ambos”. Y aunque no tienen que estar casados,  sí deben  estar en una relación exclusiva. Sin embargo, hay grupos de “swingers” que  aceptan solteros.
¿"Soft" o "full"?

Dentro de esta práctica, existen varios niveles. El “soft swinging” se refiere al juego sexual entre parejas y chicas bisexuales. Algunas veces se incluye sexo oral, pero no penetración vaginal ni anal. Por el contrario, el “full swinging” conlleva un intercambio de  parejas en las que se da la penetración sexual.
Qué los motiva
La doctora señala que muchos “swingers” mencionan que  comenzaron en esta práctica “con la idea de realizar una fantasía”. Y aunque suele pensarse que  el  hombre  inicia la búsqueda, “puedes encontrar que el número de mujeres que pensaban en participar de esta práctica es casi el mismo que los hombres”.
Además, Valcárcel señala que aunque en la Isla  existen clubes de “swingers”, no es  común. Por lo  general, “se imita el estilo de  clubes en Norteamérica y Europa”.  También, existen personas que se encargan de coordinar fiestas relacionadas con el "swinging".  A estas actividades "las parejas van y observan y participan sí y sólo sí quieren".
¿Es infidelidad?
La doctora  explica que en nuestra sociedad “tener relaciones sexuales con una persona que no es tu pareja es ser infiel”. Pero,  si esto  “es consentido entre ambos sin ningún tipo de coerción, entonces no es una práctica de infidelidad”. De ahí que “en teoría, la infidelidad no es parte de la práctica de un 'swinger'”. A su vez, esto  muestra que “la fidelidad es un concepto relativo a la pareja”.
No es para todos
Por su parte,  la “swinger” Lisa (nombre ficticio) resaltó que esta práctica “no es para todo el mundo”.  Según opina,  “además de la experiencia sexual, lo vemos como una oportunidad más para socializar y pasarla bien”. Además, aclara que “dar el paso (de tener  intimidad sexual ) es voluntario, no obligatorio”, sobre todo al tener en cuenta que  “tiene que haber química de ambas partes, y eso no siempre sucede”.
Al  mencionar la razón para dar su versión bajo anonimato, la joven  mencionó que “buscamos proteger nuestra identidad porque sabemos que a nivel moral (el “swinging”)  es criticado por mucha gente, y muchos de nosotros somos padres y madres de familia y gente profesional”. De hecho, reveló que en este ambiente se incluyen “médicos, abogados y fiscales”.
Piénsalo bien
La doctora Valcárcel advierte que antes de realizar cualquier actividad sexual es importante dialogar los beneficios, riesgos y consecuencias de las mismas. “Esto te ayudará a evitar malentendidos con tu pareja”.
Además, recuerda que “tener fantasías sexuales no es lo mismo que realizarlas”. Por eso debes ser consciente de no forzar “a tu pareja a participar en una actividad que en lugar de placer cause el rompimiento de tu relación”.
En el caso específico del "swinging", “emocionalmente  involucrarse en esta práctica requiere estabilidad de la pareja y compromiso”. También, ten en mente que físicamente existen los riesgos de enfermedades de transmisión sexual -como cualquier persona que se involucre en actividad sexual- y existe el riesgo de embarazos.
Antes de experimentar
Realizar esta práctica no es la solución para una pareja que tiene problemas ya que puede agravar o deteriorar la relación.
-Si  esta práctica atenta contra tus valores o ideas religiosas, no accedas sólo por complacer a tu pareja. Esto puede crear conflictos emocionales  difíciles de sanar.
-No importa cuán interesante o divertida te pueda parecer esta práctica, si tienes dudas, no te involucres.
-Dialoguen sobre la fantasía y determinen las pautas de lo qué será aceptable y qué no (si será sólo mirar, tocar, tener diversidad de prácticas sexuales, etc.).
-Como pareja, recuerden y sean fiel al compromiso de  practicar siempre sexo seguro.
-Si eres una persona celosa, esta práctica no es para ti, no importa cuánto creas que la tolerarás.
Fuente: Dra. Carmen Valcárcel, experta en sexualidad humana .
Para citas con la Dra. Carmen Valcárcel: 787-764-5642 o www.CentroDeMejoramientoPersonal.com
Reglas del "swinging"
1 . “No” significa no. Si no puedes respetar los deseos de las demás personas, o no puedes decidir por ti mismo, entonces el "swinging" no  es para ti.
2. Separa tiempo para conversar. Muchas personas prefieren conocerse mejor antes de tener un encuentro sexual. Recuerda que este ambiente no es sólo un aspecto físico.
3 . Aprende a comunicarte abiertamente. Expresa todo lo que están buscando tú y tu pareja y pregunta a la pareja de interés qué es lo  que ellos quieren los demás.
4 . Cuidado con el contacto físico.  Si no te invitan a tocar, no toques. A veces estas situaciones provocan incomodidad en las otras parejas.
5.  Evita ser "pushy". No fuerces ninguna situación. Deja que las parejas vayan a su propio ritmo. Si estás interesado en alguna de ellas, simplemente háblales. Pero no los acoses.
 Fuente: www.swingerfriendspr.org
Teorías sobre su origen
 Algunos apuntan a que surgió entre parejas de la fuerza aérea de los Estados Unidos  en la década del cincuentas. Se dice  que estos tenían el recurso económico para que sus esposas se mudaran cerca de las bases militares. Puesto que durante los periodos de guerra ellos eran los de mayor mortalidad, se desarrolló la práctica de cuidar de las esposas de los compañeros pilotos, incluyendo el convertirse en su pareja sexual.
Otros dicen que esta práctica es tan vieja como la humanidad, y que existe evidencia que en países como China, África y Egipto esta era una práctica común entre parejas de la realeza.

Godita de la zona 3 Guatemala

Buenas saludos a todos los de este blog esta es una señor aque le encanta coger pero con el que ella quiera en este caso conmigo esta es una de mis publicaciones privadas espero les guste esta señiora se atreve a todo ya hemos echo muchas cosas con ella si quieieran saber el numero de telefono de ella aun lo tengo depende cuantos lo soliciten envio el numero o lo publico es esta entrada.

Recuerden no hay que ser Tontos y alocados realmente hay que ser caballeros no quiero enterarme que talves algun idiota de primas a primeras le dice dame el culo o algo asi 
porfavor muy discretos y si son parejas favor que el hombre sea el primero en caerle. 




Hermosa swinger de venezuela en Guatemala




















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